¡Qué bonitos son! ¡Qué arquitectura tan chula y funcional!
Un gran invento de hace siglos que facilitaba la economía doméstica, la preservación de los alimentos.
Aunque sea mental, todos deberíamos tener un hórreo, en casa y en nuestras empresas.
Porque tenemos que tener nuestro propio espacio para guardar. Para ello, también es importante el planificar, el saber cuándo puedo tener un poquito más que acopiar, cómo guardarlo e incluso cómo incrementar su valor.
No todo es tener mucho ahora y luego Dios proveerá. La incertidumbre, en la empresa, es una mala aliada.

Ingresar más que gastar y guardar algo. Avanzar poco a poco hacia la autosuficiencia.
Diseñar nuestras estructuras e infraestructuras para perdurar, para que sean útiles pasados los años, que tengan un coste de manutención relativa bajo.
Gestionar nuestros stocks, nuestros inventarios, lo que vale y lo que no, segregar lo obsoleto y dar salida a lo que lo tiene también es una práctica necesaria.
Hórreos y paneras centenarios, con dimensiones diferentes, materiales variados según la disponibilidad geográfica de la zona que hacen que se puedan guardar y conservar todo tipo de alimentos y enseres que se van a necesitar más adelante.
Y además, ¡son bonitos!
Para muestra, unos cuantos que he visitado recientemente en Asturias, Navarra y Galicia. Y es que me ha dado también por ahí, por hacer algunas escapadas a buscarlos. Si además, como es el caso, están físicamente en lugares entrañables y vas con la mejor compañía, ¡doble acierto!




Sabias reflexiones equiparando la pervivencia de una empresa al sostenimiento del hogar.
Pasarse por este rincón de lectura resultar ser habitualmente gratificante.
Saludos.
Muchas gracias, Jokin.
¡Las pautas de empresa, muchas veces siguen las mismas bases que la economía y la gestión domésticas!
Me alegra saber también que te resulta gratificante el contenido.
Un saludo.