Porque a veces hay que sentarse y esperar.
No siempre es el momento para lo que tú quieres. Te metes a bucear y, como me pasó el día de la foto, ni veía mis propias aletas bajo el agua.
En la empresa, también pasa. Queremos algo, tenemos ilusión y nos lanzamos al agua. Pero hay nebulosas que no están en nuestras manos y, amigo, no es el momento para lo que pretendes.
Presupongo que, previamente, has analizado, planificado y definido lo que quieres. No contemplo la inacción por no haber hecho los preparativos previos.
Aun así, no todo es como queremos. Con todo ya planificado y organizado, y con los recursos dispuestos, acometemos proyectos que, si no hay claridad, es mejor abortar cuanto antes. No consumir más recursos, no invertir más tiempo ni dinero. Mejor sentarse a esperar su momento; ya está analizado. Y, a lo mejor, retomarlo si surge la oportunidad ya en su momento oportuno.
Cambios de mercado, de equipo, nuevos proyectos que obligan a desviar recursos, coyuntura económica o social… un montón de causas pueden truncar nuestros planes.
Sepamos también reorientarnos, sentarnos a pensar, a disfrutar y a gestionar otras acciones apropiadas en ese espacio y tiempo.
El día de la foto, con cariño y #ACTitud, al no ver nada bajo el agua, cambié la perspectiva del día. Me quité aletas y gafas y me di un estupendo baño con mi hija, cuarenta minutos, charlando, disfrutando, compartiendo. Despues de secarnos, fuimos a un mercadillo de antigüedades y objetos de segunda mano en un entorno privilegiado y comer juntos. Para hacer snorkel, ya tendré más días.
En tu trabajo, ¿siempre aciertas en el espacio y tiempo? En alguna ocasión ¿te has dado cuenta de que no es el momento adecuado y has reorientado tu acción? ¿Te has sentido mal? O, ¿has sabido valorar tu buen trabajo previo y te has sentido bien?
Por otra parte, ¿has sabido bajarte de un mal proyecto a tiempo o te ha pillado el tren alguna vez?
¿Qué tal rematar el artículo con un temazo playero?

