El motor del directivo también va evolucionando.
Inicialmente somos de gasolina, nos encendemos rápido y pronto estamos en la zona roja. Posteriormente, pasamos a ser un motor diésel, más temporizado todo, menos revoluciones, pero más autonomía. Y terminamos siendo eléctricos, sabemos cuándo hay que recargar, nuestros límites y cuándo tenemos que parar; potencia y par más lineales, mayor silencio y más sostenibles.
Continuar leyendo «De gasolina a diésel y, de ahí, a eléctrico. ¡Directivo a dirigir! (28)»
