Y tú, ¿qué problema tienes?

No existen problemas, existen soluciones. Es cuestión de #ACTitud. Todo llega y todo pasa.

Cuando le pregunto a mi hija de 7 años “¿qué problema tienes?” ya me responde “no tenemos problemas papá, tenemos soluciones”. Es cuestión de inteligencia emocional y en eso, se puede educar y también podemos crecer personalmente.

Siempre se ha dicho que la vida es dura. Y realmente, a veces, lo es. Pero si ponemos en la balanza lo bueno y lo malo de nuestras vidas, lo primero siempre prevalece.

Aún en los malos momentos, tenemos algo bueno en lo que pensar, algo o alguien que nos reconforta y nos ayuda a cambiar un poco nuestro prisma de ver las situaciones.

Primera #ACTitud. Visionado.

El punto de vista desde el que vemos los problemas es fundamental y su resolución, muchas veces, pasa por hacernos salir del punto en el que estamos y ver la situación desde otro ángulo. Y si esto no funcionase, pues a buscar nuevo enfoque las veces que hagan falta (be lean, my friend).

Hay muchos tipos de problemas personales y de distinta índole, familiar, salud, social, laboral, económicos y algún otro. Cada problema, en su momento de ocurrencia, está claro que es el mayor problema del mundo (al menos para mí, jeje).

Tenemos que ser fríos y no afrontar el problema “en caliente”. Hay que interiorizarlo en la medida de lo posible, intentar verlo y sentirlo de una forma aséptica, sin elementos subjetivos que nos distorsionen la realidad y a partir de ahí acometer la búsqueda de sus posibles soluciones.

Segunda #ACTitud. Asumir.

Para mí, lo primero es asumirlo. Tomar consciencia de ello, de su gravedad real e incluso de la relativa. Entrar en esta fase es vital. Es olvidarse de las cosas ajenas, de las posibles terceras personas implicadas, de -como dice mi padre- quitarnos chorros de adrenalina en nuestro cuerpo al pensar en ello y entonces ya estamos en condiciones de dar los primeros pasos. Tenemos que ser conscientes de cómo nos afecta, qué induce en nosotros y cómo actuamos en consecuencia.

Ahora ya podemos decirnos que torres más altas han caído, que hemos resuelto situaciones similares e incluso más complejas, que podemos convivir con ello y vamos a ser capaces de no dejar que afecte a otros planos de nuestra vida.

Es tiempo de analizar las variables de la situación, las que son estables y las que son inestables, las que puedo mover y las que es mejor ni tocar. Y salgámonos un momento de nuestra posición de nuevo para ver, lo que puedo hacer que pueda trastocar algún parámetro que consideraba fijo.

Tercera #ACTitud. Resolución.

Me doy cuenta de que puedo resolver mi problema que, además, es una oportunidad de crecimiento personal y de aprendizaje.

Si algo somos en la vida es por lo que vivimos. Por nuestras experiencias, por cómo las afrontamos y por cómo las analizamos posteriormente para tener unas lecciones aprendidas de vida. Cierto es el dicho que se aprende más de lo bueno que de lo malo, pero tenemos que ser inteligentes con nosotros mismos y de cada trago gordo sacarnos nuestra propia lección que esté alineada con nuestra forma de ser, de sentir y de vivir.

Ahora sí que estamos en situación de resolver, de pasar a la acción, de hacer lo que tenemos que hacer y como lo sabemos hacer para llegar al desenlace.

Debemos hacerlo con seguridad, con cariño hacia nosotros mismos y hacia los demás, manteniéndonos en esa postura aséptica, libre de cargas emocionales -sobre todo negativas- de ningún tipo.

Vayamos haciendo y probando. Aprendiendo y rehaciendo. Ejecutando y buscando retroalimentación. ¡Listo! Estamos en el camino.

Toca hacer y dejar fluir. Ya hemos hecho lo que está en nuestras manos.

Cuarta #ACTitud. Lo aprendido.

Qué bonita es esta etapa a la que a veces no le dedicamos el tiempo que necesitaría.

Es momento de ver qué ha pasado, cómo ha sido el desenlace, cómo hemos actuado y qué consecuencias ha tenido. De aprender un poco más y de seguir aprendiendo de nosotros mismos.

De modo objetivo, aprenderemos mucho de las acciones tomadas, su desarrollo y el resultado final que nos han proporcionado.

Es el momento de analizarnos un poco, de mirar hacia adentro, para aprender un poco más de mí mismo y ver qué he sentido y cómo me he sentido

Del cómo he vivido esos sentimientos y cómo los he interpretado -normalmente de un modo inconsciente- es de donde derivan nuestras acciones.

Un buen trabajo de crecimiento personal parte precisamente de ahí -te reto a avanzar en este sentido, sabiendo lo complejo que es-, de trabajar nuestros sentimientos, siendo consciente de ellos, de la reacción interna que nos generan y de cómo esto se transforma en acciones hacia el exterior por nuestra parte.

Y tú, ¿tienes algún problema? O, ¿tienes una nueva oportunidad de desarrollo ante ti?

Foto de Andrés de La Ossa.

12 respuestas a «Y tú, ¿qué problema tienes?»

  1. Hola! Me ha gustado mucho como has secuenciado el artículo. Está claro que es un actitud ante la vida en general el afrontar las cosas según vienen. Porque a veces no hay más vuelta de hoja. Yo me siento muy afortunada de que nos hablasen en su día de esa otra visión en la que las dificultades en la vida eran oportunidades para crecer, para aprender… porque la vida así no es que se vea de color de rosa, sino que todo lo que nos sucede cobra sentido. Incluso las dificultades. Me gusta como escribes! Que bien has hecho en lanzarte. Un besazo

    1. Mil gracias, Saray.
      La verdad es que la idea del blog se basa en pildoritas pequeñas y rápidas de leer, aunque intensas en contenido, espero. Y en esta ocasión ha salido un artículo un poco más largo de lo que me esperaba y con bastante densidad, por lo que puede mucho empeño en estructurarlo bien para facilitar su asimilación.
      ¡Cómo me alegro de que te esté gustando y aportando! Y bienvenida siempre a tu casa, crack.
      Muchos muacks!!!!!

  2. ¡Hola Ángel!
    Leo cada entrada que ve la luz en Actitud.me. Más allá de la curiosidad, me interesan tus reflexiones porque me permiten valorar ciertas experiencias desde otra óptica más positiva y sobre todo libre de ataduras mentales.
    Gracias por tus escritos, los recibo con una sonrisa.
    Un abrazo.

  3. Gracias Angel. Articulo muy claro y con esquema paso a paso, que es la mejor manera de conocerse y sacar fuerzas para avanzar. Un fuerte abrazo y que no tarde mucho el proximo post!

    1. Gracias a ti. Efectivamente las fuerzas estan dentro y hay que conocerse para sacarlas. Es curioso que físicamente aguantamos mucho más de lo que nos pensamos y psíquicamente aun más. De ahí salen también fuerzas que nos hacen avanzar en los momentos más duros.

  4. Grande Angel, como siempre!!
    Yo tengo una opinión muy personal sobre el tema:
    – Si el problema es problema: tiene solución, por lo tanto, a por él!!
    – Si el problema no es problema (en ese caso es p…tada), no tiene solución, por lo tanto a asumirlo y pasar página.
    Hay que optimizar los esfuerzos, en mi opinión, porque de lo contrario la labor de desgaste es inmensa y nos agotamos antes de poder enfrentarnos a los problemas para darles solución.
    Esperando ya tu próximo post…. abrazos!!!!

  5. Interesante reflexión, sin embargo, no sé si está a la altura de todo el mundo o incluso de nadie despojarse de su yo y convertirse en el Señor Spok donde solo prevalece la razón, sin sentimientos e ir recorriendo esos pasos actitudinales que mencionas. Yo sé que no puedo ser objetivo conmigo mismo para casi nada.
    Gracias por compartir tus ideas..

    1. Gracias a ti Aitor, por sumar siempre.
      Ya sabes que todo es cuestión también de entrenamiento. El triángulo que existe entre lo qué pasa, como lo percibo («siento») y como reacciono es algo muy estudiado y que requiere mucho tiempo de trabajo personal. Es dificil ser consciente de lo que pasa, de ver cómo lo siento y de ahí, hacer una pausa (corta o muy larga) para poder actuar del mejor modo posible.

  6. Hola, amigo,

    Como siempre he dicho «No hay problemas, solo asuntos que requieren de tu (como pronombre reflexivo) interés».

    Despersonalizando cualquier «asunto» se consigue una solución que no dudo que pueda ser buena, incluso «la mejor». Sin embargo, al mismo tiempo impides dar una respuesta propia que es lo que hace que crezca el propio individuo. Es la respuesta aseptica frente a la implicación personal.

    Entre un frío análisis y los sentimientos, el mejor resultado a corto plazo sería el obtenido por la aplicación del primero pero a largo plazo (incluso cometiendo errores) se obtiene un mejor resultado si se actúa con una mezcla de ambos.

    Ejemplo: Hace unos días llovía un poco, tuve que salir de casa y cruzar unas calles. En una de ellas, crucé por un «paso de cebra», un coche se detuvo y un motorista que iba detrás, un tanto despistado, no tuvo más remedio que tirar la moto al suelo para evitar el choque.
    Bien: Frente a otra hipotética situación similar ¿que haría? ¿cruzar por el «paso de cebra» porque estoy en mi derecho? No, unos metros antes de llegar, evaluaría la situación, viendo si los conductores son conscientes de que hay una preferencia para los peatones (y más si un vehículo es una moto) y si evalúo que hay un peligro, por pequeño que sea, tanto para mí como para algún conductor, ralentizaría el paso para que ninguno de nosotros pudiera salir perjudicado, independientemente de quién tuviera razón. Es una respuesta lógica pero con un matiz humano.

    ¡Ahí queda el rollo!.

    Encantado de saludarte, amigo … y a toda la concurrencia.

    1. Muchas gracias por tu aporte, Álvaro y encantado de tenerte también aquí.
      Me ha gustado mucho lo que apunta de «implicación personal», esa es la clave para que en muchas ocasiones, las respuestas y soluciones que aportemos sean únicas.

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