El sábado pasado nos reunimos, como hacemos con cierta frecuencia, antiguos compañeros de trabajo. Éramos equipo. Seguimos teniendo un vínculo y nos tenemos un cariño especial.
Porque cuando hacemos equipo, lo hacemos por encima de la relación laboral. Somos personas. Y esa relación se mantiene
Son personas increíbles, diferentes entre sí y diferentes a mí, pero que hemos sabido convivir, remar y construir un mismo barco.
Allí estábamos Víctor, Mario y yo
Víctor, director del centro de trabajo más importante que me tocaba gestionar. Hecho a sí mismo. Experiencia brutal. Conocimiento de los clientes. Carácter aparentemente duro y con resistencia al cambio. Al final, el más flexible, adaptable y dispuesto a hacer cuando venían los baches. De lo mejorcito con quien he trabajado.
Por otra Mario. El más joven del equipo. Contacto conmigo con su #ACTitud cuando estaba acabando sus estudios en Alemania para ver si podía hacer sus prácticas con nosotros. Y ¡vaya si las hizo! Implicación total, integración y aprendizaje rápido. Se quedó en el equipo y fue pasando por varias posiciones hasta acabar de comercial. Un tío estupendo que sigue su camino como comercial senior en construcción. De las personas a las que he visto un mejor desarrollo profesional.
Así que gracias, amigos, por todo lo pasado, por el presente y por todos los manteles que nos quedan por compartir. ¡Va por vosotros!

