¿Cuántas veces te has sentido sonriente? ¿Cuántas veces te has dado cuenta de que, de forma natural, había una sonrisa en tu cara?
No es reír. Es sonreír. Es esa felicidad intrínseca que sale fuera. Es ser tú mismo. Sin darte cuenta. O dándotela.
Hay muchos momentos que se nos escapan en los que, inconscientemente, estamos risueños. Que transmitimos alegría y plenitud. Nuestro gesto externaliza lo que vivimos, lo que somos y cómo nos sentimos.
Muchas veces no nos damos ni cuenta. Y eso es lo peor. Estamos perdiendo momentos de consciencia. De nosotros. De vernos y sentirnos en nuestro estado natural. De autoconocimiento y de crecimiento.
Cuando te das cuenta de ello, ¿qué te produce esa sonrisa? ¿La disfrutas?¿La ríes aún más y la estiras?
¡Qué bonito es encontrarse con uno mismo en esos momentos! ¡Y cuántas ocasiones existen en el día a día para ello!
¿Cuándo te pasa? ¿Te está pasando ahora? ¡Cuéntamelo! Y también, ¡ditelo a ti mismo!

