El motor del directivo también va evolucionando.
Inicialmente somos de gasolina, nos encendemos rápido y pronto estamos en la zona roja. Posteriormente, pasamos a ser un motor diésel, más temporizado todo, menos revoluciones, pero más autonomía. Y terminamos siendo eléctricos, sabemos cuándo hay que recargar, nuestros límites y cuándo tenemos que parar; potencia y par más lineales, mayor silencio y más sostenibles.
El «gasolina«
Motores más pequeños, que suben endiabladamente de vueltas para coger potencia. No hay que esperar ni para arrancar. Los consumos no importan. Hay que llegar rápido y apurando. El objetivo es llegar, el consumo ni nos importa. Normalmente, estructura más ligera, ágil, pasos por curvas rápido y alguna que otra librada por apurar mucho alguna frenada. Compañeros de viaje enganchados a ese ritmo, si no, viajarás sólo.
Esto lo aplicamos a nosotros mismos, a clientes y a nuestro equipo, siempre a tope y en modo sprint. Velocidad media de vértigo y todo el día a la carrera.
El «diésel«
Pensamos ya en largos viajes, en el medio y en el largo plazo. Mayor visión estratégica y de futuro. Ritmos constantes, pero con control del consumo de recursos y de la fatiga del equipo. Muchas horas de trabajo, revoluciones ajustadas y mucha autonomía. Relaciones y desarrollos largos pensados para durar en el tiempo. Estructura más pesada, mayor amplitud y comodidad del conjunto y pensado también para llevar más equipo con mayor capacidad de carga. Los compañeros de viaje, siempre cómodos y que traigan su equipaje y experiencia.
El «eléctrico«
Todo requiere más planificación. ¿Dónde voy? ¿Por dónde lo hago? ¿Cada cuánto paro y cuánto tiempo? Todo ello con más regularidad, con mucho confort acústico, menos ruido y mucha progresividad. Ponemos en valor criterios como sostenibilidad, gastos, reducción de incidencias y mantenimientos periódicos. Buenas conversaciones y reuniones agradables en el viaje.
Y, como en todo, ninguna opción es la mejor y todas tienen sus puntos fuertes y sus puntos débiles. En tu mano y en tu cabeza está el elegir en cada etapa qué es mejor elegir, qué exige tu destino, tu ruta o qué te puedes permitir. Para ello, también están las hibridaciones.
Mientras lo piensas, una canción para el viaje:

